Opinión

El necesario liderazgo de las enfermeras en la atención domiciliaria y en la coordinación sociosanitaria

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El necesario liderazgo de las enfermeras en la atención domiciliaria y en la coordinación sociosanitaria.

 Jesús Cobarro Jaén

 

Lo que hace unos años se hablaba como el gran reto de la atención a los pacientes crónicos o de la cronicidad es ahora una realidad, ya está aquí y hay que acometer la resolución de ese desafío, porque ha dejado de ser una cuestión de futuro y se ha hecho presente. Las autoridades sanitarias lo saben y les toca correr porque aunque se han dado pasos, la falta de efectivos para acometer la cronicidad es absoluta y la inversión en enfermería, por ejemplo, es total y absoluta. En la Región de Murcia tenemos la brillante ejecución de la figura de la enfermera gestora de casos que tiene lugar en el Área IX de Salud, pero por lo demás es evidente la necesidad de una atención domiciliaria específica y especializada que atienda de manera real y efectiva al paciente crónico.

Un paciente crónico posiblemente ya no se cure pero seguramente convivirá con su enfermedad hasta el fin de sus días, que además pueden ser largos puesto que la esperanza de vida cada día es mayor. La tendencia ante este panorama es que el paciente tenga la mayor autonomía posible y que tome sus propias decisiones mientras que desde la sanidad se le procuran los mejores medios para que reciba unos cuidados paliativos de calidad.

Es lo que algunos han denominado el nuevo paradigma de cronicidad-paliativos y que obliga a replantearse la atención domiciliaria, que lejos de perderse, se debería volver a impulsar nuevamente. Por ello se nos antoja muy importante el incremento del presupuesto de la Atención Primaria ante la falta de médicos y enfermeras en atención primaria especializados en cronicidad y envejecimiento.

Las enfermeras saben muy bien lo que es la atención domiciliaria y como esta te da el conocimiento real de la situación del paciente, de su entorno, de sus cuidadores, de su familia, lo que te permite concretar un tratamiento y una asistencia adecuada. Por eso no se me ocurre un liderazgo mejor que el que pueden ofrecer las enfermeras en la gestión de la atención domiciliaria. No solo liderazgo profesional sino también apoyo político suficiente ante el reto de procurar al paciente crónico una calidad de vida durante el proceso que ya, inevitablemente, desembocará en su muerte, a la que deberá llegar de la manera más satisfactoria posible.

No tengo muchas esperanzas de que, en este periodo electoral que se abre, se hable de cronicidad, paliativos y de invertir en más enfermeras; ojalá en las próximas semanas nos llevemos una grata sorpresa al abrir algún programa electoral y encontremos, de manera concreta, medidas para ayudar a los que en el último tramo de su vida necesitan cuidados de esa Administración a la que tantos impuestos pagaron durante toda su vida.

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