Internacional

Editorial. Alepo.

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El 27 de abril el hospital Al Quds de Alepo, apoyado por Médicos sin Fronteras fue bombardeado. Murieron 55 personas y tuvo que cerrar por los cuantiosos e irreparables daños sufridos. En estas guerras «modernas» ya es habitual que mueran más civiles que combatientes. El Hospital Al Quds tenía 39 camas, un quirófano y servicios de urgencias, cuidados intensivos, consultas externas, obstétrica y pediatría. No queda nada. Los hospitales han sido objetivo de los agresores: los ocho existentes han recibido un total de 23 ataques.

Todo vale en esta guerra; bombardeos que asfixian a los hospitales, pacientes que mueren por no poder liberar quirófanos a tiempo, ambulancias que se quedan sin gasolina o pacientes que llegan al hospital cuando nada se puede hacer por ellos. Hospitales a los que llegan cientos de heridos todos los días, y no tienen ni personal, ni medicamentos, ni instrumental, ni camas para atenderlo a todos.

Nadie se preocupa de los niños, ni de los heridos y enfermos que necesitan atención médica. Pero de la misma forma, nadie siente vergüenza por esto, ni de quienes lo ejecutan hasta quienes lo permiten. Las bombas de Siria y Rusia arrasan Alepo, pero Estados Unidos pasando por Francia, Reino Unido, Turquía, Irán y los países del Golfo Pérsico apagan el grito de ayuda de ansia de justicia y libertad del pueblo sirio.

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